Artículos prácticos

La renovación de las pólizas de seguro, una fuente interminable de conflictos

Todo el que haya contratado alguna vez un seguro de automóvil o de hogar ha pasado, antes o después, por el conflictivo trámite de la renovación y, lejos de ser un tema fácil y regulado para favorecer al consumidor, la norma mantiene un status preferente para las compañías de seguros que es una fuente permanente de conflictos.

Es verdad que no todas son iguales y que las mejores aseguradoras suelen tener una política más comprensiva hacia el cliente pero el sentir general no deja de transmitir que es un asunto que provoca más problemas de lo que en realidad generar.

Renovación de la póliza de seguro

La situación actual es, básicamente, como sigue:

– las compañías tienen interés en mantener al asegurado (técnicamente hablando, al tomador del seguro) dentro de su cartera de clientes pero sus cuentas de resultados les llevan a aplicar regularmente subidas de precios a las pólizas

– los clientes quieren mantener ajustados los precios de sus seguros y están siempre encantados de aceptar las ofertas (a veces muy agresivas) que reciben desde otras compañías mejorando el precio o las coberturas de su seguro. La llegada de Internet ha supuesto una revolución en la contratación de seguros puesto que ahora los consumidores pueden comparar los precios y coberturas ofrecidas por cada compañía y ahorrar contratándolo online.

Marco legal

La norma, el artículo 22 de la Ley de Contrato de Seguros establece que: “Las partes pueden oponerse a la prórroga del contrato mediante una notificación escrita a la otra parte, efectuada con un plazo de dos meses de anticipación a la conclusión del periodo del seguro en curso”.

En principio, esto supondría que corresponde siempre a los consumidores avisar con dos meses de antelación al vencimiento del seguro para evitar la renovación de la póliza pero la realidad suele ser que no se está pendiente de la póliza hasta que vemos el correspondiente cargo en la cuenta del banco.

Sin embargo, existe una situación abonada al conflicto y que se repite constantemente ¿qué pasa si es la compañía la que sube el precio del seguro y, por tanto, modifica las condiciones esenciales del seguro?

La Dirección General de Seguros, intentando ser clara especifica que en relación al aumento de la prima se pueden dar dos supuestos:
a) Cuando la modificación de la prima está prevista en el contrato: en este supuesto, no se requiere una nueva aceptación del tomador ya que prestó su consentimiento al suscribir el seguro inicialmente.
b) Cuando la modificación de la prima no está prevista en el contrato: en este caso, el aumento de la misma debe ser aceptada por el tomador del seguro, y ello, en aplicación del artículo 5 de la Ley de Contrato de Seguros.

En puridad, la modificación del precio (siempre una subida) permitiría al consumidor cancelar la póliza pero aquí entran en juego varios factores:

– hay que leerse la letra pequeña de la póliza porque algunas compañías han optado por aumentar la letra pequeña de sus contratos y añadir una cláusula que indica que con la firma se acepta una revisión anual del precio de la póliza pero, para acabar de complicarlo todo, esta revisión tendría que estar basada en factores objetivos (que podrían incluso dar lugar a una bajada de precio) porque si quedase en manos de la compañía establecer la cuantía de la subida, sería una cláusula desequilibrada e igualmente nula

– la compañía no va a dar la póliza por perdida y va a enviar una carta amenazante para que se mantenga el contrato de seguro (a sabiendas de que no tiene razón) pero no va a ejercitar las acciones legales que describe en sus cartas porque sabe que tiene el pleito perdido.

En caso de que ya se esté envuelto en todo este proceso (que es cuando se buscan artículos como éste en Internet), lo procedente es hacer una lectura detenida de la póliza para identificar si existen cláusulas relativas a la renovación y obrar en consecuencia, sabiendo que las compañías de seguros no van a recurrir a la vía judicial para pólizas del hogar de menos de doscientos euros o seguros de automóvil de menos de cuatrocientos y entendiendo que en caso de que perdiésemos el pleito, lo más que nos puede pasar es que tengamos que pagar la póliza y, aproximadamente, un 40% extra por intereses y costas. Esto equivale a unos 160 euros en un seguro de automóvil de 400 euros.

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