Casos reales

La disputa por las joyas de la madre fallecida

Al hilo del fallecimiento de un personaje ilustre se han venido vertiendo en distintos medios de comunicación y en sitios web opiniones de todo tipo sobre la herencia de las joyas de la madre y parece necesario hacer una aclaración porque parece que es un asunto que se repite en más de una herencia de personas que fallecieron sin haberse hecho famosas pero cuyos herederos establecen más de una disputa alegando generalmente razones sentimentales.

La base sobre la que se resuelven todas estas disputas es el artículo 1.321 del Código Civil vigente (desde 1889)

Fallecido uno de los cónyuges, las ropas, el mobiliario y enseres que constituyan el ajuar de la vivienda habitual común de los esposos se entregarán al que sobreviva, sin computárselo en su haber.

No se entenderán comprendidos en el ajuar las alhajas, objetos artísticos, históricos y otros de extraordinario valor.

Parece bastante claro. Si no se trata de joyas que merezcan una valoración especial, las piezas de vestuario y adorno se entregarán al cónyuge sobreviviente para que disponga de ellas como convenga. Esto incluye relojes, collares, pulseras y toda clase de bisutería. Será el viudo quien disponga qué hacer con ellos; si dárselos a los hijos, destruirlos o donarlos a terceras personas.

Broche antiguo

La cosa cambia cuando se trata de joyas de valor, alhajas en terminología del Código Civil del siglo XiX. Aquí se incluyen, además de las joyas propiamente dichas, los objetos ornamentales de uso personal como relojes, cepillos o bolsos exclusivos.

Para determinar a quién corresponden las alhajas habrá primero que determinar el régimen económico del matrimonio y la vía a través de la que éstas se adquirieron.

En España, el régimen económico matrimonial por defecto es el de gananciales. Eso quiere decir que todo lo que ambos cónyuges ganan durante el matrimonio pasa a un patrimonio común pero lo que era de cada uno de ellos antes del matrimonio, sigue siendo privativo de cada uno de ellos. Dos ejemplos ayudarán a entender mejor esto:

  • antes de casarse, la madre regala a su hija un broche que era de su abuela. Ese broche forma parte de la herencia de la madre y sus herederos se lo adjudicarán sin que el marido tenga nada que reclamar y los herederos del marido tampoco
  • con el dinero de su sueldo, la mujer regala al marido un reloj de oro. Al fallecer el marido, sólo la mitad del valor del reloj, que es ganancial, pasa al caudal hereditario; la otra mitad sigue perteneciendo a la viuda.

En consecuencia, en un matrimonio con una sola hija, ésta heredará directamente el broche de diamantes que la abuela dio a la madre fallecida al cumplir los quince años, sin que el marido superviviente pueda reclamar nada.

Como en cualquiera de los casos las alhajas serán indivisibles (no se puede dar medio reloj a cada heredero) serán los propios herederos los que tengan que alcanzar un acuerdo sobre el reparto de los bienes que forman la herencia y si no hubiese acuerdo, será el juez el que acuerde la venta en subasta de los bienes que forman el caudal hereditario y la distribución a partes iguales del dinero obtenido entre los herederos. Todo el mundo sabe que con esto de las subastas todo el mundo sale perjudicado excepto los subasteros y los funcionarios que cobran bajo cuerda de los subasteros por avisarles de los chollos.

 

 

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