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Noticias jurídicasHepatitis C.- Una ATS dice que 'varias personas vieron a Maeso pincharse opiáceos', pero que no puede identificarlasEl subdirector médico de La Fe solicitó al gerente una reunión con el anestesista tras oír los rumores de su posible drogadicciónVALENCIA, 03 (EUROPA PRESS) Una enfermera del servicio de Reanimación del Hospital Maternal de La Fe hasta el año 1984 Amparo Alemany aseguró hoy, durante la sesión del juicio que se celebra en la Audiencia provincial contra Juan Maeso, facultativo acusado del contagio del virus de la hepatitis C a 276 pacientes, que "varias personas vieron al anestesista pincharse opiáceos", pero matizó que no las podía identificar "porque no me acuerdo de quién fue, si no, sí que lo diría". Asimismo, Alemany sostuvo que una compañera del hospital le contó que "Maeso se durmió en una ocasión encima del paciente", así como que "los pacientes de este facultativo se despertaban con fuertes dolores". En esta línea, señaló que existían rumores de que la posible drogadicción de Maeso había sido "la causa por la que le habían echado del Hospital Militar" de Valencia, comentarios que, apuntó, "los mismos médicos trasladaron a las enfermeras". Además, manifestó que tanto facultativos como enfermeras "teníamos pánico de Maeso", puesto que, dijo, "no se le podía contradecir". Por este motivo, señaló que "unas 14 ó 15 ATS, de las 20 que eramos en el servicio, abandonamos Reanimación en apenas dos o tres meses". Asimismo, explicó que otra enfermera "fue apartada del servicio de Reanimación por anotar en la historia clínica que se llamaba al facultativo de guardia y éste no acudía, lo que Maeso nos había ordenado que no quedase registrado". Señaló también, como ayer apuntó la enfermera Concepción Valero, que la supervisora de Enfermería de Reanimación, Pilar Bayo, "que era la que daba las órdenes en nombre de Maeso porque él no se dirigía casi a las enfermeras", solicitó a la plantilla que indicasen en el libro de tóxicos la utilización de anestésicos, "aunque éstos no se administrasen realmente al paciente". "La justificación que nos dio es que los facultativos querían crear la Clínica del Dolor y se necesitaba más dotación de dolantina para poder abrirla, pero nos opusimos a registrar el uso de un medicamento que realmente no se había administrado al paciente", dijo. Alemany destacó que Maeso "tenía un aspecto físico muy descuidado y deprimente". Indicó que siempre llevaba gafas de sol y que tenía unas "ojeras muy grandes", por lo que, "parecía que había tenido una noche de juerga". Asimismo, afirmó que el anestesista comenzó a "hostigar" a las enfermeras cuando Bayo no fue reelegida por la plantilla en 1993. "Maeso nos amenazó con largarnos de allí a todo el mundo que no había votado a Bayo", aseveró. La enfermera señaló que "en varias ocasiones" acudió junto a varias compañeras a la subdirectora de Enfermería, Francisca Mocholí, para quejarse de las "amenazas" de Maeso a la plantilla así como a la doctora Elena Martí. "Nos decían que no hiciéramos caso, que él era así, y que si queríamos, nos mandaban a un servicio mejor". Añadió que "el colmo de todas sus actuaciones raras" tuvo lugar cuando una joven ingresada en Reanimación falleció y Maeso "comunicó a la familia que había muerto por culpa mía y de otra enfermera, ya que no le habíamos aspirado bien las mucosas y se asfixió". "Junto a otras compañeras le pusimos una querella por injurias", que perdieron, y "solicitamos a la Delegación Territorial de Sanidad y a la Conselleria que se abriera expediente para ver qué había ocurrido porque nosotras encontramos ya muerta a la joven cuando entrabamos al turno de mañana y le hicimos la correspondiente reanimación perfectamente ventilada". SANCION Las enfermeras recurrieron la sanción de suspensión de empleo y sueldo durante un año, que les impuso la administración autonómica por estos hechos, y los tribunales la redujeron a seis meses, ya que, según dijo, "consideraron que no hubo ánimo de dolo en nuestra actuación". "Pero nunca se ha llegado a cumplir la sentencia", apuntó. Además, consideró que Maeso siempre se vio beneficiado por su "amistad íntima" con el entonces director del servicio de anestesia en este centro sanitario, Rafael Montero, "quien le tapaba muchas cosas". Tras su declaración, el abogado de la defensa, Francisco Davó, solicitó, al igual que pidió ayer con la enfermera Concepción Valero, que tenga lugar en el juicio un careo de la testigo con Pilar Bayo, que ya compareció el pasado miércoles. En esta línea, otra enfermera, Asunción Peiró, que también acudió como testigo, reconoció haberse trasladado voluntariamente de Reanimación a Urgencias de La Fe por el "malestar que se vivió tras las elecciones a supervisora de Enfermería". Sostuvo que Maeso "buscaba los 100 pies a todo lo que se hacía", por lo que "excepto 2 ó 3 ATS, salimos todo el servicio de Reanimación". RUMORES DE CAFETERIAS Por su parte, el subdirector médico del Hospital Maternal La Fe durante los años 1990 y 1993, Javier Rius, sostuvo que fue él quien sugirió al gerente del centro, Enrique Trull, que "sería interesante hablar con el anestesista ya que existía una rumorología entre compañeros y enfermeras sobre la posible drogadicción de Maeso". Indicó que "no puedo concretar cómo recibí el rumor", pero matizó que, "a mi despacho, como subdirector médico que era, no vino ningún compañero a quejarse porque entonces lo hubiese comunicado oficialmente". "Eran rumores de cafeterías y reuniones", dijo. Explicó que Trull decidió convocar una reunión a la que asistieron Rafael Montero, "que era anestesista y tenía muy buena relación con Maeso", él mismo, "por haber comunicado el rumor", Juan Maeso y "no recuerdo si también estaba presente el director médico del centro". Señaló que fue un encuentro "tenso", en el que Trull y Montero comentaron a Maeso la posible drogadicción que se rumoreaba que padecía, pero éste "lo negó siempre". "Maeso justificó que llevaba mucho tiempo trabajando en varios centros y que estaba cansado", por lo que, "la única solución que se adoptó fue que se tomara un periodo de vacaciones". El subdirector médico también explicó que la dirección de Enfermería le comunicó la existencia de un "desfase" entre los tóxicos administrados y los extraídos del servicio de Farmacia. Por este motivo, "ordené a los anestesistas y farmacéuticos que no se facilitasen analgésicos bajo la condición 'si dolor' --con la condición de administrarse si el paciente sufre dolor-- sino que el médico prescribiera el fármaco en el momento que realmente se necesitase". Por último, la también gerente del centro hospitalario, Elena Martín, negó que le hubiese asegurado al que fuera subdirector de Maternidad entre 1989 y 1990, Angel Campos, que se iba a encargar de manera exclusiva y específica de solventar las quejas referentes a la falta de material de anestesia y los rumores sobre la adicción a los opiáceos por parte del entonces jefe del servicio de anestesia, como éste afirmó en su declaración como testigo. En este sentido, apuntó que a largo de su cargo "no recibí documento verbal u escrito oficial de un problema por el que tuviera que adoptarse un comportamiento administrativo". |